Las primeras señales de dificultades del aprendizaje y desarrollo se pueden observar en infantil y primaria

Las familias se preocupan mucho e incluso se decepcionan cuando su hijo o hija tiene problemas en la escuela, y así lo comentan especialmente cuando reciben el boletín de notas.

Pero las malas notas no son siempre el resultado del mal trabajo del niño o de su irresponsabilidad o su pereza a la hora de estudiar. En muchas ocasiones las notas esconden otros problemas.

Los motivos son siempre múltiples y suelen aparecer combinados entre sí. La mayor parte de ellos se debe a dificultades del aprendizaje no detectadas ni tratadas a tiempo, y especialmente a elementos externos al individuo (escolares, familiares, sociales).

En las etapas de educación infantil y primaria ya se pueden empezar a identificar los primeros indicadores que pueden llevar al niño, si no lo remediamos, al fracaso escolar y emocional. Además, los alumnos que presenten dificultades en esta etapa educativa también las tendrán, probablemente, durante la etapa de educación secundaria.

Actualmente contamos con buenos profesionales de la orientación, que, junto con maestros, profesores y otros especialistas (PT, logopedas…), intentan realizar su mejor labor con el fin de que los menores logren maximizarse.

El problema está en que se topan con realidades como la excesiva ratio de alumnado, “se nos escapan muchos casos” -afirman muchos orientadores-. No es viable para un pedagogo, psicólogo, psicopedagogo, hacer pases de pruebas psicológicas ni por tiempo, ni por coste para obtener una detección temprana general.

Zaira Santana, Dra. Psicopedagoga en Psicotogether y hospital de La Paloma en Canarias resalta esta realidad del día a día de la orientación educativa:

Los orientadores están desbordados, muchas veces incluso “cansados” o estiman que hay unas necesidades más importantes que otras, pero lo cierto es que cada niño es importante, para cada familia su niño es lo más importante. Es complicado cuando te dicen que hay otros niños más necesitados y tienes que esperar un año”.

La detección temprana evita frustración, desmotivación y baja autoestima 

Sin embargo, la detección temprana de dificultades del aprendizaje y desarrollo repercute en el bienestar y en la motivación por aprender del alumno. Una detección a tiempo es una victoria para el niño, para su familia y para el sistema educativo, ya que se evitan situaciones derivadas de la falta de atención y orientación especializada.

En este sentido, los profesionales de la educación y psicología demandan herramientas que faciliten su labor para lograr alcanzar el objetivo que todo orientador desea: el bienestar del niño.

Gracias a las nuevas tecnologías ya es posible mecanizar el proceso de detección temprana recogiendo información automáticamente sobre el niño a través de la observación de las personas que mejor lo conocen, sus padres y profesores. La rapidez y el importante ahorro de tiempo permite invertirlo en la intervención y solución del problema.

La observación de padres y profesores, clave para la identificación de las dificultades del aprendizaje y desarrollo

En realidad, lo que se busca es identificar alertas en ámbitos como la escritura, el cálculo, la lectura o la memoria, pero también nos interesa conocer si el niño puede tener problemas relacionados con la audición, la visión y la psicomotricidad, así como con la conducta, la autoestima o el estado de ánimo e incluso situaciones particulares como el acoso escolar o las altas capacidades.

En definitiva, se busca elaborar una visión global del perfil del niño para saber de verdad cuáles son las necesidades reales de los alumnos y a partir de ahí cómo trabajar para su pleno desarrollo en una educación inclusiva.

Tanto las familias como maestros y educadores son un importante agente de detección temprana. Cada uno desde su ámbito y de manera complementaria pueden apreciar en los niños indicios o señales que interfieren en su aprendizaje y desarrollo.

El primer paso es SABER para después HACER

La información recogida sobre el perfil del alumno es el punto de partida para que los profesionales confirmen el diagnóstico con pruebas específicas e inicien el programa de intervención adecuado y a tiempo.

Por ejemplo, con terapias a través de videojuegos o pasatiempos que ejercitan la concentración y la memoria ayudando a mejorar el rendimiento cognitivo de los niños con TDAH y otras dificultades del aprendizaje.

Sin duda, la educación y la orientación asumen nuevos retos cada día, la sociedad demanda nuevas exigencias: pedagógicas, tecnológicas, logísticas… con el objetivo de conseguir la equidad e igualdad de oportunidades apostando por la innovación y por la calidad educativa.

Artículo de Equipo dide